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La brecha decisional: por qué tener datos no garantiza mejores resultados

Durante años, muchas organizaciones confundieron capacidad analítica con capacidad de decidir. La última década nos encontró volcados a construir infraestructuras de datos cada vez más robustas: plataformas, modelos, dashboards y capas de analítica avanzada. Hoy, el problema ya no es la escasez de información. El problema aparece cuando ese conocimiento no logra alterar decisiones concretas ni modificar cursos de acción relevantes. Conocé más sobre la brecha decisional.

Este desfase evidencia algo más profundo que un simple déficit tecnológico: una brecha decisional. Es la distancia entre lo que la organización sabe y lo que efectivamente hace con ese conocimiento. Tener datos disponibles no garantiza mejores resultados si esos datos no están diseñados para influir en decisiones reales, en el momento adecuado y bajo condiciones claras.

En el contexto actual, esta desconexión se vuelve más visible. Estudios recientes muestran que una amplia mayoría de los empleados ya utiliza IA generativa en su trabajo cotidiano, pero solo una minoría percibe que su organización lidera esa adopción de manera estructurada. El fenómeno se repite: aparecen prácticas individuales avanzadas, pero no logran escalar ni integrarse al sistema decisional de la organización. [1][2].

El mito de la organización data driven

Durante mucho tiempo se asumió que más datos implicarían decisiones automáticamente mejores. Lo sabemos bien: un estudio reciente muestra que el 91% de las empresas cree en el valor de decisiones basadas en datos, pero apenas el 57% confía plenamente en la calidad de sus propios datos[4]. Así, las organizaciones enfocaron sus esfuerzos en recolectar cada vez más información, mejorar la calidad de los datos y potenciar capacidades analíticas. Si los problemas persistían, la respuesta era casi invariable: medir más, analizar mejor y sumar nuevas herramientas.

En la práctica, vemos organizaciones con alta madurez técnica que no logran traducirla en mejores resultados de negocio. El mito de la organización data driven empieza a resquebrajarse cuando queda claro que el principal cuello de botella no está en generar insights, sino en convertirlos en criterios de decisión compartidos y operables. Los datos pueden explicar, pero no deciden por sí solos. Y sin un puente explícito entre ambos mundos, la información pierde impacto.

Cuando los datos informan pero no influyen

Uno de los síntomas más visibles de la brecha decisional es la acumulación de insights que no se traducen en cambios concretos. Reportes que se revisan, métricas que se comentan y análisis que confirman lo que ya se intuía. El dato circula, pero no altera el rumbo.

En estos escenarios, los datos cumplen un rol secundario: contextualizan, validan o justifican decisiones tomadas por otros motivos. La decisión clave suele haberse definido antes, influida por la experiencia previa, la urgencia operativa, la estructura de poder o la presión interna. El insight llega tarde, cuando el margen de maniobra ya es mínimo.

La brecha entre análisis y decisión

Este problema no responde a mala intención ni exclusivamente a fallas técnicas. El análisis y la decisión suelen operar en universos distintos. Los equipos de datos producen conocimiento; los líderes enfrentan decisiones atravesadas por múltiples variables que exceden al dato.

Cuando no se diseña explícitamente el vínculo entre ambos, los insights quedan sin destino. No está claro qué decisión deberían habilitar, quién debe tomarla ni en qué momento. El resultado es previsible: la organización sabe más, pero decide prácticamente igual que antes.

Decisiones sin diseño, insights sin destino

Uno de los errores más frecuentes es no diseñar las decisiones de forma explícita. Se establecen procesos, se definen métricas y se construyen modelos analíticos, pero casi nunca se piensa en la decisión en sí.

Sin un diseño previo, cada insight abre una nueva discusión: se interpreta y se debate, pero muchas veces se posterga. El dato, en lugar de acelerar la decisión, la complica. En vez de reducir la incertidumbre, suma una capa más de análisis demoran la acción.

El peso de la cultura y los incentivos

La brecha decisional también tiene un componente cultural. En muchas organizaciones conviven dos lógicas: por un lado, el discurso que valora el uso de datos; por otro, prácticas cotidianas que siguen priorizando la rapidez, el criterio individual o la experiencia personal para decidir. En ese equilibrio frágil, el uso de datos no siempre se vive como un habilitador, sino como una posible tensión con la autonomía, el expertise construido o los espacios de decisión.

A esto se suman incentivos que no siempre están alineados. Los equipos de datos suelen ser reconocidos por la calidad técnica de los entregables, mientras que los líderes son evaluados principalmente por resultados de corto plazo. Cuando nadie es responsable por la calidad del proceso decisional, el dato pierde tracción como palanca de cambio.

De medir más a decidir mejor

Cerrar la brecha decisional no pasa por recolectar más datos o generar modelos cada vez más complejos. En muchos casos, implica lo contrario: reducir foco, identificar decisiones críticas y diseñar cómo la información debe operar sobre ellas. El eje deja de ser la cobertura analítica y pasa a ser la efectividad decisional.

Este cambio de lógica es el corazón de enfoques como la decision intelligence, que proponen pensar la analítica a la inversa, desde la decisión hacia atrás. Primero se define qué decisiones importan, luego qué información es relevante y finalmente cómo integrar ese conocimiento en el momento en que todavía puede influir en el resultado.

Integrar la decisión al proceso

Otra condición clave para reducir la brecha es integrar la decisión en el flujo operativo. Cuando los insights quedan aislados en tableros, reportes o herramientas separadas del trabajo cotidiano, la fricción aumenta. Cada paso adicional entre el dato y la acción diluye la probabilidad de impacto.

La inteligencia tiene que aparecer donde la decisión ocurre, directamente en los procesos. No se trata solamente de disponibilidad de información, sino de oportunidad y contexto. La información aparece en el momento en que la decisión tiene que tomarse y en una forma que dialoga con la tarea, el rol y la responsabilidad de quien decide. En ese escenario, el dato deja de ser un insumo abstracto y se convierte en una señal accionable.

Integrar la decisión al flujo también evita que las personas tengan que hacer un esfuerzo extra para interpretar la información y la dependencia de esfuerzos individuales. Las personas no tienen que acordarse de usar datos ni cortar el trabajo para buscarlos: el insight acompaña la acción. Esto vuelve la toma de decisiones más consistente, menos reactiva y más sostenible en el tiempo.

 De la brecha a la capacidad decisional

La brecha decisional no aparece por falta de datos ni de tecnología, sino cuando la organización no se hace cargo de cómo decide. Suele aparecer en contextos donde la capacidad analítica crece rápido, pero los mecanismos de decisión siguen siendo los mismos: reuniones que no resuelven, roles difusos, responsabilidades fragmentadas y criterios que cambian según la urgencia o quién esté sentado en la mesa.

Desde nuestra experiencia trabajando con organizaciones en procesos de transformación, cerrar esta brecha requiere un movimiento menos cómodo que incorporar herramientas: diseñar explícitamente las decisiones. Definir cuáles importan, quién decide qué, con qué información y bajo qué reglas. Revisar incentivos, rituales de gestión y espacios donde hoy los datos llegan tarde o quedan neutralizados.

Cuando ese trabajo se hace bien, los datos dejan de circular como reportes y empiezan a operar como parte del sistema decisional. No convencen después: orientan antes. La organización no solo incrementa su conocimiento, sino que reduce fricción, gana velocidad y construye coherencia transversal. En ese punto, la inteligencia- humana y artificial- deja de ser un soporte accesorio y se consolida como una capacidad organizacional con impacto sostenido en resultados, experiencia y ejecución.

Fuentes:

[1] [2] La organización que aprende: Cómo acelerar la adopción de la inteligencia artificial | McKinsey

https://www.mckinsey.com/featured-insights/destacados/la-organizacion-que-aprende-como-acelerar-la-adopcion-de-la-inteligencia-artificial/es

https://www.cepal.org/es/comunicados/america-latina-caribe-acelera-la-adopcion-la-inteligencia-artificial-aunque-desafios

[3] Qué es la Decision Intelligence y cómo impactará en tu negocio | IEBS Business School

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